Capítulo I
EL GOBIERNO DE SALVADOR ALLENDE
La gran mayoría de los chilenos del año 2000 no había nacido o eran muy pequeños el año 1973 cuando colapsó la experiencia socialista chilena.
Tienen una información sesgada y parcial de lo acontecido fruto del particular empeño que han puesto los autores de ese fracaso en tergiversar los hechos tanto en Chile como en el exterior.
La prensa extranjera, con motivo de la detención y secuestro del senador Pinochet, ha sido un claro barómetro con sus reportajes y comentarios altamente desfavorables al régimen militar.
Después de unos meses, algunos diarios comenzaron a investigar lo que realmente ocurrió en Chile en ese tiempo. A poco andar aparecieron algunos reportajes sobre el desastre del gobierno de Allende. Una actitud aún tímida ya que el grueso de los medios de comunicación sigue repitiendo lo mismo de siempre.
Tal como informé en la Introducción de este publicación, describiré la experiencia socialista en Chile con testimonios de dirigentes y simpatizantes demócratacristianos partido que, paradojalmente, es hoy socio político de esos mismos socialistas que llevaron al país al mayor caos económico, social y político de su historia.
Las Fuerzas Armadas y de Orden se vieron obligadas a intervenir y dar término al gobierno de Allende ya que cada día la situación era más caótica. Hubo una gran presión de la inmensa mayoría de la civilidad, de los gremios, las dueñas de casa y de casi todo el espectro político para que ellos pusieran fin a la tragedia que vivía nuestra patria
El Almirante José Toribio Merino Castro, quien fuera uno de los miembros de la Junta de Gobierno, hizo pública esta Proclama el día 11 de Septiembre de 1973. Hasta hoy día es muy esclarecedora de las razones del pronunciamiento militar:
"Las Fuerzas Armadas, organismos esencialmente profesionales, no pueden permanecer impasibles ante el derrumbe de nuestra Patria y la desesperación de millones de chilenos.
"Esto no es un golpe de estado, pues es un tipo de esquema que no calza con nuestro modo de ser y repugna a nuestra conciencia legalista y profunda convicción cívica. Sólo se persigue el restablecimiento de un estado de derecho acorde con las aspiraciones de todos los chilenos, cuyo quiebre ha sido denunciado por la Ilustrísima Corte Suprema, como asimismo por la Cámara de Diputados que es el organismo fiscalizador y que lo ha hecho presente en extenso documento.
"El Poder Ejecutivo ha sido sobrepasado por las circunstancias y los elementos extremistas están destruyendo sin misericordia propiedades y vidas. El Ejecutivo ha carecido de la autoridad y firmeza para controlar esta situación desquiciadora de la convivencia pacífica a que estamos acostumbrados los chilenos. Esto no puede continuar y es nuestra firme intención detenerlo a la mayor brevedad. No tenemos, ahora ni en el futuro, compromisos con ningún partido político. Sólo gobernarán los más capaces y honestos.
"Formados en una escuela de civismo, de respeto por la persona humana, de convivencia de justicia y de patriotismo, no se persigue otra finalidad que no sea la felicidad de todos los chilenos, no importa cuál sea su posición, pero quepuedan vivir en paz, tranquilidad y sin temor al mañana, ni de ellos, ni el de sus hijos.- "
Aquí termina la declaración del Almirante Merino
Esta publicación está destinada a ayudar a recordar a quienes fueron testigos de los difíciles momentos que vivimos en la década del 70 y también entregar antecedentes a los jóvenes chilenos, quienes constituyen hoy la inmensa mayoría de este país, sobre los hechos que realmente ocurrieron y que hoy se pretende ocultar.
Para una mejor comprensión de este período histórico, en cada capítulo señalaré y destacaré algunas publicaciones que pueden ayudar a comprender mejor esos difíciles momentos.
Se han escrito magníficos libros sobre este período histórico. Cuatro son autores extranjeros: un norteamericano, James Whelan, autor de "Desde las Cenizas" y dos ingleses Robert Moss, que escribió "El Experimento Marxista Chileno" y Robin Harris que publicó "Allende y Pinochet vistos por un Inglés" y una francesa Suzanne Labin " Chile: El Crimen de Resistir"
El muy bien documentado y profundo estudio sobre el gobierno de Allende y del Gobierno Militar de James Whelan fue publicado primero en Estados Unidos en 1989 y traducido al castellano y publicado por la Editorial Zig-Zag en Chile en 1993.
Roberto Moss publicó su ensayo en 1974 , desgraciadamente hoy está agotado en librerías ya que es uno de los mejores libros sobre el tema.
Robin Harris, doctor en filosofia y asesor politíco de Margaret Thatcher, publicó en Inglaterra, y en medio del secuestro del Senador Pinochet, " A Tale of Two chileans Pinochet y Allende", libro que causó gran impacto en la opinión pública inglesa y que abrió el camino al retorno del senador Pinochet a su patria. Fue traducido a los pocos meses al castellano y publicado en Chile en mayo de 1999.
Suzanne Labin, escritora francesa y profunda conocedora del régimen totalitario soviético al que denunció con importantes escritos en la década del 50, describe y relata en su libro "Chile, El Crimen de resistir" la lucha libertaria chilena contra el gobierno socialista de Allende y la falta de apoyo que recibió el gobierno militar chileno de la clase política internacional.
El abogado y periodista Arturo Fontaine Aldunate, ex Director de El Mercurio, publicó en 1999 "Todos querían la revolución", magnífico análisis del período 1964 1973.
El Centro de Estudios Públicos, CEP, publicó "Los Mil Días de Allende", documento gráfico de gran valor para entender lo que pasó en ese gobierno.
El Almirante José Toribio Merino Castro nos legó sus memorias, las que fueron publicadas después de su muerte. En la "Bitácora de un Almirante", describe con gran precisión los momentos claves que él vivió antes, durante y después del gobierno de Allende.
Otro gran aporte para conocer este período es el libro "Decisión Naval" del Almirante Sergio Huidobro Justiniano.
El Vicealmirante Ismael Huerta, Ministro de Allende y luego Canciller del Gobierno Militar, relata sus experiencias dentro del gobierno socialista así como su lucha por impedir que se instaurara una sistema de educación única, la ENU, en sus memorias "Volvería a Ser Marino".
El actual diputado, Alberto Cardemil, realiza un muy interesante análisis de la época en su libro "Camino a la Utopía Alessandri Frei y Allende".
Un genial brochazo del momento final del régimen socialista es el libro de Ricardo Boizard "El Último Día de Allende".
Los dibujos realizados con el original humor del genial Lukas, que se publicaron en El Mercurio de Santiago y La Estrella de Valparaíso, son otro testimonio concreto de lo que ocurrió en la Unidad Popular.
Hoy se encuentran a la vista del público en el Museo de la Fundación que lleva su nombre en la ciudad de Valparaíso ubicado en el paseo Gervasoni del cerro Cordillera de esa ciudad.
Vamos ahora a los testigos de la época para poder entender por qué las Fuerzas Armadas y de Orden debieron derrocar al Gobierno de Salvador Allende.
El ex Presidente de la República Eduardo Frei Montalva, en el Prólogo del libro de Genaro Arriagada Herrera "De la Vía Chilena a la Vía Insurreccional", Editorial del Pacífico, 1974, expresó:
"Chile tenía el prestigio de haber afianzado por más de un siglo y medio, casi sin interrupción, un régimen democrático en continuo progreso, que resultaba aún más notorio dentro de un hemisferio que ha presentado al mundo una imagen de gran inestabilidad política.
"Durante los últimos lustros había sido en cierta manera un pequeño e intenso laboratorio de las más diversas experiencias políticas. Su democracia abierta, sin las rigideces pero también sin las raíces de las viejas culturas y sociedades europeas, cuyas ideas se transplantan a estas tierras nuevas con toda su explosiva carga, había conocido en pocos años una forma de social democracia a través de varios gobiernos, entre ellos, del Partido Radical, de la Derecha y, enseguida, la transformación iniciada por la Democracia Cristiana. Por último llegaba al poder a través de elecciones y por la "vía legal" una combinación integrada fundamentalmente por el Partido Comunista y por el Partido Socialista que, al revés de otros que corresponden al concepto de social-democracias, declaraba en forma oficial su inspiración marxista-leninista y su desprecio por "la democracia y la legalidad burguesas".
"En América latina y en Europa, especialmente en Francia e Italia, el caso chileno podía servir como un ejemplo a quienes, al ver cortados otros caminos, tenían la esperanza de llegar al poder a través de elecciones y demostrar así que el comunismo y los partidos de inspiración marxista-leninista y sus gobiernos podían ser compatibles con el régimen democrático y sus instituciones"
Agrega a continuación el Ex Presidente Frei:
"Para una vasta gama de snobs y de pseudos izquierdistas internacionales resultaba muy ventajoso adherir, sin riesgo para ellos, a un ensayo no siempre fácil de disponer en las sociedades humanas.
"Hubo también muchos que miraron con simpatía este proceso, porque observan las profundas grietas que descubren el régimen capitalista y advierten que es inevitable el cambio hacia nuevas formas en la vida social".
"Les angustia pensar que el traspaso de una sociedad a otra sólo será posible cayendo en la violencia y perdiendo la libertad. Por lo mismo, cuando se ofrecía un intento que parecía resolver este dilema, lo siguieron con verdadero interés.
"Todas estas razones contribuyeron a presentar el caso chileno con sus mejores luces. Así se ignoraron deliberadamente antecedentes que permitieran un juicio justo y equilibrado. Sólo en los últimos meses, al ver la dimensión de la catástrofe, algunos expresaron reservas.
"El fin de esta experiencia, que por distintas causas despertaba tan grande interés, no podía menos que producir una conmoción muy profunda.
"Se derrumbaba con sangre y violencia una antigua y ejemplar democracia y fracasaba un modelo en el cual se habían puesto grandes esperanzas".
Más adelante expresa:
"Como lo único importante para la Unidad Popular era conquistar el poder político, no se preocupaba que toda una organización industrial, minera o agrícola se derrumbara. Lo que valía era el dominio político. Cada sindicato, empresa cooperativa u organización de base social se consideraba sólo como un instrumento para la conquista del Poder. Por eso se desplazó al hombre que sabía su oficio por el que podría ser útil en la maniobra partidista. Por eso se distorsionó todo el proceso de desarrollo político, cultural, económico y social que este país venía viviendo".
Enfatiza Eduardo Frei Montalva :
"Este irrealismo dogmático, este proceso de ideologismo desenfrenado que alcanzó a sectores no sólo marxistas sino a otros más amplios del país, no permitió a muchos ver el abismo al que se caminaba.
"Al mismo tiempo se hizo evidente una acción destinada a penetrar a las Fuerzas Armadas lo que provocó incluso algunas tentativas de rebelión.
"La importación de armas, la organización de fuerzas militarizadas, la presencia de extranjeros pertenecientes a movimientos extremos que intervenían en la vida interna del país, los intentos de penetración que alteraban su disciplina, y diversos otros actos y declaraciones que las afectaban como puede comprobarse en este libro- provocaron en ellas un cambio profundo en su actitud.
"Estas razones fueron, en último término, las que indujeron al pronunciamiento militar de Septiembre de 1973. No hay duda de que por largo tiempo trataron de evitar la ruptura con el Gobierno y se resistieron largamente a intervenir. Ese es un hecho histórico que es imposible desconocer.
"La Unidad Popular nunca dejó de ser una minoría. Minoría en el Parlamento, en los municipios y en las organizaciones, en la base social. A pesar de estas condiciones, su Gobierno jamás se resolvió a buscar una solución de compromiso, sino que, por distintos procedimientos, quiso imponer un modelo que la mayoría del país rechazaba".
Categóricamente afirma el ex Presidente de la Republica Eduardo Frei Montalva:
"En el fondo manifestó siempre un desprecio profundo por el sistema democrático y una expresa voluntad de llegar, a cualquier precio, a la conquista del Poder total.
"Si se examinan a través de las páginas de este libro algunos de los distintos y numerosos documentos del Partido Comunista, del Partido Socialista, y para qué decir de los emanados de los movimientos de izquierda revolucionaria, se puede constatar que para ellos la democracia existente en Chile era una democracia falsa y formalista que era necesario destruir para construir otra. Esta era la tesis de sus teóricos y la conclusión de todos sus congresos. ¿Por qué respetar entonces esa democracia que era según ellos- una gran farsa y un tremendo engaño? ¿Por qué ahora, perdida, se le añora y se la defiende cuando antes se la ridiculizó y execró sistemáticamente?
"Qué paradoja es llorar hoy sobre una democracia que dijeron nada valía y que algunos llegaron a calificar de oprobiosa. Lo que más se llegó a conceder fue un cierto grado de prudencia táctica para no precipitar su caída. Lo lógico entonces era no respetar las reglas y tratar por todos los medios de imponer un nuevo orden. Por eso el sectarismo era una virtud y la exacerbación del odio un medio necesario. Cualquier búsqueda de un acuerdo se calificaba de debilidad y cobardía.
"Todo tenía un valor instrumental. Ningún principio y ninguna norma eran válidos, salvo uno: conquistar el Poder total"
Destaca en este prólogo Eduardo Frei :
.
"En el año 1972 el Pleno Socialista declaraba:
"El Estado burgués en Chile no sirve para construir el socialismo y es necesaria su destrucción".
"Para construir el socialismo de los trabajadores chilenos deben ejercer su dominación política, deben conquistar todo el Poder. Es lo que se llama la dictadura del proletariado".
"Para los revolucionarios, la solución no está en esconder o negar el objetivo de la toma del Poder".
"Rehuir el enfrentamiento o moderar la lucha de clases constituye un gravísimo error".
"Para los socialistas cada pequeño triunfo eleva el nivel del próximo choque. HASTA QUE LLEGUEMOS AL MOMENTO INEVITABLE DE DEFINIR QUIEN SE QUEDA CON EL PODER EN CHILE".( en mayúscula en el original).
A continuación Eduardo Frei señala:
"Podría decirse que éste es el proceso de fondo que rompió primero en la mente y después en los hechos la posibilidad de una convivencia y el respeto a la ley, condiciones que habían hecho posible la democracia en Chile, aún con todos sus defectos.
"Desde el momento en que se niega el valor objetivo al sistema democrático y se establece como premisa no discutible que es una clase social la que tiene la verdad y un partido el que la interpreta, el problema se reduce a una estrategia de conquista del Poder.
"La transición exige la destrucción de la actual sociedad para edificar sobre sus ruinas la dictadura del proletariado que conduzca a la nueva sociedad. Quien se oponga al proceso es un enemigo que es necesario aplastar.
"Este fue el esquema que operó en Chile y ésta una de las razones por las cuales jamás hubo el intento serio de entenderse con la Democracia Cristiana o con otras fuerzas democráticas. Y esto fue evidente en la forma vejatoria como se trató y excluyó al Partido Radical de Izquierda, integrado por hombres de más de treinta años de militancia, algunos de los cuales formaron el año 1938 el Frente Popular, miembros de la Unidad Popular, y que fueron candidatos de la izquierda a cargos parlamentarios y pre-candidatos de ella a la Presidencia de la República.
"¡Si a los amigos de adentro, partidarios y colaboradores de largos años, se les trataba así, qué podían esperar los otros!
"Esta ola que se fue alimentando a sí misma por la propia dialéctica de los hechos, pareció a veces que era resistida por el Partido Comunista. No hay duda de que, mejor organizados, más fríos, y sabiendo que al final serían los grandes pagadores de la aventura, intentaron ser más prudentes y pretendieron contener a los violentistas. Pero sea porque no tenían fuerzas para dominar o porque titubearon, sus intentos nunca se tradujeron en hechos.
"Preocupados porque la juventud y los trabajadores se les desplazaban al MIR o al FTR, porque continuamente eran sobrepasados por el grupo dominante que controlaba la dirección del Partido Socialista, daban a veces algún paso que contradecían después con sus palabras y con sus actos."
El ex Presidente Frei destaca :
"Reveladora es en este aspecto la entrevista a un alto dirigente comunista publicada en "La Stampa" el 26 de octubre de 1973, en la cual establece que ellos buscaban una solución política, pero que en los últimos días se encontraron con el discurso del Secretario General del Partido Socialista contra las Fuerzas Armadas y "con su obstinado maximalismo al igual que el de Enríquez, jefe del MIR, y por eso nos hemos encontrado sin preparación para el golpe".
"Las armas que teníamos agrega-, de los cuales los generales han descubierto una mínima parte, desgraciadamente eran pocos los que las sabían usar, porque no había habido tiempo suficiente para adiestrar a la masa popular".
"No se difería, pues, en cuanto a los objetivos, sino en las tácticas para ganar tiempo.
"Estas tesis dogmáticas aplicadas en Chile han tenido consecuencias similares en cualquier lugar de la tierra y las seguirán teniendo de acuerdo a las características propias de cada país donde se intente realizarlas.
"Raymond Aron escribió en uno de sus ensayos: "El socialismo que Fidel Castro quería en sus primeras conversaciones con J.P. Sartre ha seguido la misma línea que los socialistas de la Europa Oriental, no por la influencia de Moscú sino por una suerte de fatalidad interna".
"En el caso chileno la importación de este esquema tuvo connotaciones que aceleraron su desenlace porque, así como se equivocaron en lo ideológico, desconocieron absolutamente la realidad concreta donde se iba a operar.
"Esta conjunción de dogmatismo en las ideas e irrealismo en la acción ha sido fatal para Chile y, en gran medida, cada vez que se intenta, para toda América Latina".
Concluye el prólogo del libro de Genaro Arriagada con estas palabras:
"Los chilenos hemos recibido un castigo a nuestro orgullo.
"Muchas veces pensamos que constituíamos un mundo aparte en América Latina y que la democracia era un juego donde se podían tolerar todas las demasías, donde las calidades eran despreciables, y el apetito del Poder la suprema norma. La verdad es que en el camino se corrompieron los fines y los medios.
"Cuando los que gobiernan no sólo son arrastrados por esta ola sino que la empujan, nadie se escapa y la sociedad entera es presa de aquel torbellino funesto.
"Es la enseñanza que debiéramos aprender.
"El futuro de Chile, como nación que ha tenido una Historia llena de dignidad, no se forjará en la imposición, ni en la revancha.
"Desde los tiempos de Portales y de Montt ésta ha sido una empresa de todos. La autoridad puede haber sido firme, pero jamás excluyente ni sectaria.
"Sólo así construiremos una sociedad abierta, progresista, dinámica, en la cual no hayan privilegiados, hacia eso ha tendido en una forma u otra la Historia de este país, por excelencia unitario, respetuoso del derecho de cada uno, realista y soñador.
"Si esta lección se aprende, el dolor que ha vivido no será inútil, ni para Chile ni para otras naciones que quieran reflexionar sobre tan dura experiencia".
Jaime Castillo Velasco, ideólogo del Partido Demócratacristiano, es quien firma la presentación del libro "Crónica de un Fracaso" del ex Senador José Musalem publicado en 1973 (Editorial Del Pacífico). Ahí sostiene que en el gobierno de Allende.....
"En vez de ajustar sus propósitos a la situación política, de ofrecer proyectos bien estudiados e inmersos en el espíritu democrático, creyeron necesario imponer, a base de propaganda, las ideas más discutibles de su repertorio programático. Quisieron, por ejemplo, establecer tipos de Tribunales Populares, cuya última fuente estaba en las prácticas dictatoriales de los países comunistas. El fracaso para imponer esta idea hizo que los juristas con mentalidad antidemocrática, que comenzaban a pulular dentro del Gobierno, alteraron su ritmo. En vez de hacer pasar los proyectos de cambio por el Parlamento, se buscó en la vieja legislación "burguesa" los textos útiles para someter al país a una política de expropiación no planificada. La técnica de sobrepasar la ley o de utilizar sus "resquicios" se convirtió en el modo de gobernar.
"Con eso, el Ejecutivo iba consiguiendo lo que deseaba. Acrecentaba, en efecto, el poder económico en manos de una burocracia obediente a los dos principales partidos de Gobierno, daba la impresión ante el pueblo y ante las demás naciones, de que respetaba la ley y los derechos establecidos. Era posible para él predicar un socialismo democrático en el momento mismo en que reducía el socialismo a la estatización por el miedo, y hacía de la ley y de la democracia meros servidores de designios obscuros y cada vez más notoriamente anti democráticos.
"Tal era la situación. Se puede decir que el fondo de todo estaba en un hecho sencillo: la "revolución chilena", con sabor de nacionalidad, con métodos democráticos y patriótica colaboración de un pueblo entusiasta trabajando para llegar a la felicidad, (o sea, al socialismo idílico), no era otra cosa que la instalación en Chile del modelo económico centralizado, burocrático y autoritario de los países soviéticos. Este modelo lleva implícita la progresiva pérdida de los derechos democráticos".
Jaime Castillo había advertido con mucha anticipación lo que podía ser un régimen totalitario.
En su libro "El Problema Comunista", publicado por la Editorial Del Pacífico en 1955, destaca:
"El totalitarismo nos descubre el lado flaco del régimen soviético. Los Partidos Comunistas y especialmente el ruso han convencido al mundo de que sus procedimientos son dictatoriales e implacables. Todos sus triunfos se obtienen por la violencia o haciendo un uso grande de ella. Su obra política sería imposible sin la violencia sistematizada y convertida en regla íntima de la vida......
"El totalitarismo sovietista da pie para mayor acusación que pueda deducirse contra los regímenes de inspiración soviética. Ella explica y en parte justifica todas las demás; la persecución religiosa, la corrupción de la inteligencia, la no realización del socialismo humanitario, la inmoralidad de los procedimientos, etc. En verdad, un Estado totalitario nunca podrá ser otra cosa que un atentado contra el hombre. Esto también explica que, en la lucha contra el totalitarismo, se acentúen, por modo de propaganda, los demás aspectos. El materialismo y el ateísmo aparecen ahora como amenazas terroríficas inmediatas, con nombre y apellido: el Partido Comunista. La transformación económica de un país representa de inmediato algo terrible: la presencia de los "comunistas". El socialismo ¿no ha sido confundido por el propio Winston Churchill con la dictadura?"
"Es un partido internacional, bajo dependencia estricta de una jefatura suprema establecida en Moscú, dependiente a su vez del Gobierno ruso. Los "partidos comunistas" de cada país son secciones de la Internacional Comunista, hoy Kominform. Estos partidos se hallan ligados al poder ruso por varios lazos: el interés político, la tendencia ideológica, la disciplina de cadáveres impuesta a sus miembros desde que José Stalin abatió la democracia interna, mediante el terror. Se tiene perfecto derecho a suponer que el "partido comunista" chileno es instrumento de una política extranjera. En tal sentido, el "comunista" no es un patriota; tampoco es un internacionalista. Simplemente, su patria se halla en Rusia, mientras Rusia sea "comunista"."
A continuación, refiriéndose a la encíclica papal de Pio XI "Divini Redemptoris" destaca un párrafo muy ilustrativo de los alcances del totalitarismo marxista:
"El comunismo despoja además al hombre de su libertad, principio espiritual de su conducta moral, quita toda dignidad a la persona humana y todo freno moral contra el asalto de los estímulos ciegos. No reconoce al individuo frente a la colectividad ningún derecho natural de la persona humana, por ser ésta en la teoría comunista simple
Refiriéndose al tipo de Partido Comunista de América y el resto del mundo Jaime Castillo señala:
rueda del engranaje del sistema. En las relaciones de los hombres entre sí, sostiene los principios de la absoluta igualdad, rechazando toda jerarquía y autoridad establecida por Dios, incluso la de los padres; todo eso que los hombres llaman autoridad y subordinación, se derivan de la colectividad como de su primera y única fuente. Ni concede a los individuos derecho alguno de propiedad sobre los bienes naturales y sobre los medios de producción, porque siendo ellos fuente de otros bienes, su posesión conduciría al predominio de un hombre sobre los demás". .
Entre las conclusiones de Jaime Castillo podemos destacar.
"Hoy el marxismo debe ser juzgado, no por los libros de Marx, en sus aspectos positivos, como lo hacen los "progresistas", sino por sus hechos. Y sus hechos están dominados por una palabra suficientemente clara para el hombre que ha vivido los últimos 25 años, totalitarismo.
"Frente al totalitarismo sovietista, es demasiado ingenuo, pero no por ello poco frecuente, asumir la posición de aquel que simula no saber nada o que teme decir la verdad. Vimos ya a los "progresistas" silenciar discretamente la brutalidad inhumana de los métodos soviéticos, íntimamente defendidos por cada uno de los Partidos Comunistas del mundo entero y aplicados por ellos una vez que llegan al poder. Vimos también como todo esto se cubre académicamente bajo una preocupación intelectual por el ateísmo marxista, pero sin llegar éste a la práctica dictatorial y al desprecio de la persona humana que late en cada una de las actitudes "comunistas"."
Con gran lucidez señala hace casi medio siglo atrás:
"Adviértase, sin embargo, algo importante. El Partido Comunista no es hoy un movimiento revolucionario ... pero tiende a serlo. Tampoco es dictatorial, pero llegado el caso, lo será infaliblemente. Más aún: el Partido no es antipatriota ... pero en su última instancia servirá sólo los intereses de la política rusa."
El ex Presidente de la República, Patricio Aylwin, era Senador y Presidente de la Democracia Cristiana en los últimos días del Gobierno de Allende.El 11 de julio de 1973 expresó en el Senado:
"Estamos viviendo uno de los momentos más graves y trascendentales de nuestra vida republicana." Según él, "Chile parece un país azotado por la guerra". Agregando que "no ignoramos la gravedad del peligro totalitario en que el oficialismo ha colocado a Chile y estamos dispuestos a enfrentarlo sea como fuere.
"La población civil de nuestra patria no puede seguir a merced de grupos minoritarios armados con complicidad y tolerancia de las autoridades que tratan de imponer por la fuerza su voluntad al resto de los chilenos.
"La experiencia histórica del advenimiento de muchos regímenes de tiranía comunista revela en su génesis -entre otros hechos sintomáticos- el surgimiento de organizaciones de base no previstas en la estructura institucional ni generadas democráticamente que se arrogan de hecho la representación del pueblo y el ejercicio del poder popular".
Concluye su intervención el Senador Aylwin señalando que"nadie debe cerrar los ojos a la realidad. El pueblo exige un cambio, una rectificación fundamental de los procedimientos totalitarios que el oficialismo está imponiendo. Y la cosa no admite espera. El gobierno tiene la palabra. Esta es la nuestra.".
El Presidente Salvador Allende solicita días después al Cardenal Raúl Silva Henríquez que organice en casa de este último una reunión con el Senador Aylwin.De ese encuentro en sus memorias, editadas por Ascanio Cavallo (Tomo II), el Cardenal consigna el siguiente diálogo:
"Poco después, Aylwin volvió a tomar la palabra, cada vez más serio. Le incomodaba el tono ligero de la conversación.
-Nosotros tenemos la convicción, Presidente -dijo-, de que el régimen actual, su régimen, marcha directamente hacia la dictadura del proletariado, por la acción de los grupos armados y del llamado "poder popular" que sobrepasa al poder institucional. Nosotros no podemos aceptar esto.
Allende lo miró fijamente y se golpeó la pierna con el puño:
-¡Mientras yo sea Presidente de Chile, no habrá dictadura del proletariado!
Aylwin sonrió con cierta expresión de ironía. Me contó después que estuvo a punto de decir "Mejore la garantía, Presidente", pero le pareció que sería una impertinencia. Sin embargo, Allende notó el gesto.
-Usted no me cree, Patricio -agregó. Yo le creo a usted y usted no me cree a mí...
-¿Cómo quiere que le crea, Presidente, si usted ha dicho tantas veces una cosa y su gobierno, o sus mandos medios, han hecho la contraria!".
Ricardo Boizard, periodista simpatizante de la Democracia Cristiana, en las indicaciones previas del autor en su libro "El Ultimo día de Allende", Editorial del Pacífico, noviembre de 1973, expresa:
"Lo que va a continuación es absolutamente distinto de un pesado tratado de historia, con abstrusas y eruditas narraciones. No es tampoco un reportaje periodístico al estilo de aquellos que se escriben al correr de la pluma y que mueren con la misma facilidad con que nacieron.
"Esto es la expresión y, casi diríamos, el desahogo de un hombre que ama apasionadamente a su patria y que frente a los tan tergiversados acontecimientos del 11 de septiembre, busca la explicación y la verdad, impulsado por dos sentimientos paralelos: el regocijo de que las Fuerzas Armadas de Chile nos hayan liberado del cáncer marxista y la indignación contra aquellos que, disfrazados de idealismo, pretendían subordinar nuestra orgullosa soberanía al control de Rusia y Cuba, naciones que como analizaremos aquí, nada tienen que ver con nuestra historia y con nuestra genuina idiosincrasia".
Luego afirma: "Más aún: escúchese aquí la voz de alguien que quisiera que su grito resonara a través del mundo en todo sitio en que se ha tergiversado el proceso que culminó el 11 de septiembre, acontecimiento este último que no es un golpe militar como cualquier otro, que no es el producto de un caudillo ambicioso, como ha habido muchos. El 11 de septiembre es la recuperación de la dignidad de una patria como Chile, que tiene derecho a que se conozca su trayectoria centenaria y que el mundo sepa que pertenecemos a lo mejor de los países civilizados...".
El inequívoco testimonio de estos dos ex Presidentes de la República y de dos intelectuales de gran prestigio, dan una clara interpretación de los reales objetivos del gobierno socialista de Allende. Una minoría intentó imponer un sistema contrario a la esencia misma de una real democracia, cuyas consecuencias no hay necesidad ni siquiera de imaginárselas. Los países de Europa Oriental, la Unión Soviética y Cuba son un claro ejemplo de lo que puede llegar a ser un régimen de esa naturaleza.
Como expresaba en la introducción, dos generaciones de chilenos habrían frustrado sus existencias.
¿Inglaterra, España y Bélgica estarían hoy tan preocupados de esos millones de chilenos devastados por una dictadura socialista?
¿Estarían los jueces Garzón persiguiendo a través del mundo a los responsables de ese oprobioso régimen?
No hay duda que no habrían hecho nada por Chile y ellos seguirían viviendo sus doradas y aseguradas existencias burocráticas , mientras se desarrollaba en un lejano país un experimento político que ellos jamás imitarían, pero que en los foros internacionales lo observarían con "interés y solidaridad".
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