| AUGUSTO PINOCHET Y MANUEL MONTT Recuerdo perfectamente el día en que mantuve la primera reunión con el general Pinochet, con vistas a la redacción de Chile escoge la libertad. Fue el 19 de marzo de 1997, y tuvo lugar en su oficina de la Comandancia en Jefe, en el Edificio de las Fuerzas Armadas. Ciertamente yo me había preparado mucho para un encuentro que no tenía hacía ocho años. Iba, por lo tanto, nervioso y con algunas ideas fijas. Entre los planteamientos que pude hacerle, había uno enteramente vinculado con nuestro tema de hoy, y era éste: Usted es el Presidente le dije- que ha enfrentado los problemas más graves del siglo XX y que los ha solucionado con el mayor éxito; sólo encuentro un paralelo con su gestión en el siglo XIX, y es el caso de don Manuel Montt Torres. Sonrió. Me pareció que había logrado tocar una fibra suya íntima: la convicción de que su posición en la historia de Chile estaría entre los más grandes, precisamente por la ecuación entre dificultades enfrentadas y éxito logrado. Pero entonces él mismo acotó, preguntándome: ¿Sabe usted cuál es a mi juicio el peor período de nuestra historia? Y sin esperar mi reflexión, él mismo contestó rápido, sin vacilaciones: El parlamentarismo; el parlamentarismo fue el peor período de nuestra historia nacional. De inmediato se me representó que esa afirmación ciertamente reforzaba mi incipiente simetría entre Montt y Pinochet, justamente porque el período parlamentario había sido la más rotunda negación de los principios monttistas. Pero no volví a pensar más en la materia, hasta la redacción misma del Tomo 1 de Chile escoge la libertad. Es cierto que en esa obra hay sólo mínimas referencias del Presidente Pinochet a Manuel Montt en contraste con tantas menciones a OHiggins, a Portales, a Prieto- y que, por lo tanto, yo no tenía por qué tener continuamente presente a Montt en mi investigación. Pero, a medida que avanzaba en la redacción del libro, me di cuenta de que me inclinaba más y más por una caracterización de Pinochet, justamente como un buen padre de familia que con prudencia y fortaleza conduce a su grey, sacándola de un apuro de extraordinaria gravedad. No me cabe duda que al describirlo así, no sólo le hacía justicia al propio Presidente Pinochet, sino que al referirme a él, yo mismo tenía en la mente y en el corazón en un cercano trasfondo- la admirada figura de Manuel Montt, a quien siempre había estudiado precisamente como el hombre justo y prudente que había dotado a Chile de orden y progreso, en medio de gravísimos problemas y enemigos sin límites. Por eso, también he seguido pensando en el paralelo entre Montt y Pinochet, del que ahora ofrezco algunas reflexiones que sin ser estrictamente preliminares, no son todavía las que una investigación acuciosa pudiera validar. Una comparación de esta naturaleza no tiene más sentido que ayudar a la investigación que sobre uno u otro personaje pueda seguirse haciendo, gracias a las luces que logre arrojar su paralelo. Es una de las mutuas influencias entre el pasado y el futuro que habitualmente se perciben con claridad desde el ayer al hoy, pero que pocas veces se entienden desde el ahora hacia atrás. Un primer ejemplo puede ayudarnos a entender la importancia de las perspectivas que el presente arroja sobre el pasado. Cuando se estudia en serio al presidente Pinochet queda absolutamente claro el modo en que él entiende la seguridad nacional: Nosotros tenemos una obligación, cual es la de darle seguridad a todos nuestros conciudadanos, afirmaba a comienzos de 1974. Está convencido de que sería un grave atentado a los derechos humanos de la inmensa mayoría ciudadana que ha pedido el pronunciamiento del Once de septiembre de 1973, el dejarla indefensa o insuficientemente protegida frente a la amenaza subversiva. |
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